Voto en Blanco, ausentismo y voto nulo: casi un 40% de los argentinos asegura estar "harto" de la política
Ante la falta de representatividad, algunos adoptan otra forma de expresión de su bronca votando en blanco (con un sobre vacío) o metiendo una feta de mortadela en el sobre para impugnar su voto
Un fenómeno que se viene dando en las diferentes elecciones en toda la Argentina que contrasta con el circo mediático de los periodistas y la fiesta VIP de la política, maquinaria sustentada por intereses monetarios de cada uno de los actores, es la falta de interés de la ciudadanía, el o la laburante que todos los días se gana el pan con esfuerzo, de ir a votar por tal o cual candidato. Pasó en Mendoza, en Córdoba, en Neuquén, en realidad en todo el país... la gente no tiene ganas de ir a votar y finalmente queda expresada en la preocupante estadística que solo un poco más de la mitad del padrón electoral va a depositar su esperanza en la urna por un determinado político.
Ante la falta de representatividad, algunos adoptan otra forma de expresión de su bronca votando en blanco (con un sobre vacío) o metiendo una feta de mortadela en el sobre para impugnar su voto. Es una manera clara de decir «que se vayan todos» o «no me banco a ninguno de estos políticos que me ofrecen». En algunas elecciones provinciales representan la expresión «de la tercera fuerza política».
Otros apelan al voto castigo: «el derrame» de la política millonaria que no llega al bolsillo del pueblo, el no hacer nada por la gente, los que piden a un gobierno adormecido que se pongan en modo «play», los que sostienen su modorra en base a excusas, los que roban pero no hacen. Es así como surgen «las sorpresas» en las elecciones provinciales. Alguna vez en Mendoza fue Nicolás del Caño, otra vez fue Alfredo Cornejo, otra vez José Luis Ramón... y ahora lo marcó en estas PASO, Luis Petri.
Muchos analistas y políticos se equivocan al entender que el «modo feudal» de como se gestiona un gobierno va en contra del respaldo popular. Y es entonces que entran en el laberinto de los prejuicios y no entienden el fenómeno popular y electoral de los Insfrán, los Zamora, los Posse, los Uñac, los Morales, los Kirchner o los Cornejo. Al pueblo solo le interesa que los representantes que eligieron con el voto le hagan simplemente las cosas cotidianas.
A ellos no le interesa como se administra el poder allí arriba o como «curran» para sus millonarias arcas. Ellos ya conocen muy bien el libreto de las elecciones que se repiten cada dos años: saben que los afiches sonrientes photoshopeados se desvanecen cuando llegan al poder, que la película de «las promesas» luego quedan archivadas en el arcón de los slogans, que ya no van a recibir ni besos ni abrazos de esos políticos en campaña que veías en las calles y hasta en tu propia casa!
En base a un equivocado diagnóstico fracasó la campaña política-mediática-jurídica de «Cristina Chorra» frente a los casos de corrupción durante sus gobiernos. Los carpetazos nunca sirvieron para alejar a Cristina del amor de su gente y sostener ese vigente 30 por ciento de aceptación popular que el resto de la clase política envidia.
Está claro por este y muchos otros casos, reales o no, que la «corrupción» de tal o cual personaje no incide en el gusto del voto de la gente... pese que le cueste entender a los encuestadores y los sectores políticos de la oposición.
¡La gente quiere hechos! Que le pongan una cloaca; que tenga un trabajo digno; que tenga una jubilación digna; que pueda ahorrar y comprarse de a poco una casa o un auto o lo que sea; que tenga luz y no se corte; que tenga agua y no se corte; que tenga gas natural y no se corte; que tenga calles y rutas en buen estado; en realidad es que la Argentina tenga previsibilidad! Que se pueda plantear emprender algo y que no te den un cachetazo. Que no te roben lo que lograste con tu esfuerzo, que no te maten... en síntesis que tengas un buen vivir, con buena calidad de vida, con proyectos, con esperanza.
El fenómeno que sucede ahora es que la clase política que vive de este circo desde hace más de 20 años, que todos sabemos quienes son, que los viste y recontra viste en cada elección, han defraudado a sus votantes más de una vez. La gente se cansó de las promesas y desde hace tiempo vienen exigiendo hechos, que desde hace tiempo no se hacen. Se vienen currando obras para el propio circuito de la política, para sus amigos empresarios, para sus compromisos electorales, pero que no llegan a la gente... o como muchos equivocadamente dicen «no derrama» al pueblo, dando entender que al pueblo solo le llega «las sobras» de la fiesta. Vaca Muerta y la derrota del MPN es un claro ejemplo de ello.
La gente está harta de una fiesta en la que paga y ni siquiera está invitada. Una fiesta que trasciende la grieta de los partidos tradicionales, a las que propagandísticamente Milei, bancado por los Bussi o los Menem, denominó acertadamente «la casta», es decir, una clase oligárquica, algunos más chetos y otros más grasas, cerrada, que se diferencian del resto del pueblo.
La palabra democracia proviene de los antiguos griegos, quienes establecieron una forma directa de gobierno en Atenas. Todos los hombres adultos se reunían para discutir diferentes temas y votaban levantando las manos. Los esclavos y las mujeres no tenían derecho al voto. Sin embargo, esta forma de gobierno requiere mucho tiempo y resulta prácticamente imposible reunir a todo el mundo cada vez que se tiene que tomar una decisión.
Por ende, el paso de la democracia directa (en donde la gente vota directamente por determinados temas) a la democracia representativa (donde la gente vota por representantes o políticos para tomar decisiones en su nombre) resultó inevitable en la medida en que se fueron estableciendo democracias en las sociedades más grandes y más complejas
Es ahi que el fenómeno del voto mudo se expresa a gritos de diferentes maneras. No piden anarquía o que no exista la democracia, sino todo lo contrario, piden una representatividad eficiente que devuelva al deseo colectivo, que la política respete de una vez el significado fundacional de la democracia: Los líderes electos representen «al pueblo» y no a su compromisos políticos y corporativos, que puedan ejercer el poder político del y para el pueblo.
Vivir en una democracia supone pensar que cada uno de los miembros de una comunidad con derecho a serlo, es decir, sus ciudadanos y ciudadanas, son quienes toman las decisiones, quienes ejercen el poder y quienes se benefician del resultado de esas decisiones. También significa que se reconoce la dignidad del ser humano, los derechos de las personas, se promueve el tomar decisiones respetando las diferencias, la pluralidad y la diversidad, impulsando el respeto a la ley y a las libertades de cada uno. De ese modo, la democracia es, al mismo tiempo, un ideal, un régimen político y un conjunto de valores, actitudes y creencias.
Que los políticos no lo olviden. El pueblo se sigue expresando en esa silenciosa lucha por una Argentina diferente.
Fuente: Bien Cuyano







