Crisis en la ciencia argentina: el legado de Houssay choca con el ajuste y la falta de rumbo

Este 10 de abril, mientras Argentina homenajea a Bernardo Houssay, el sistema científico atraviesa una crisis profunda. Investigadores denuncian recortes, parálisis institucional y el freno de proyectos estratégicos.

Redacción El Nacionalista

Cada 10 de abril, la Argentina recuerda a Bernardo Houssay, nacido en esa fecha y convertido en 1947 en el primer latinoamericano en ganar el Premio Nobel de Fisiología o Medicina. Su trabajo sobre el papel de la hipófisis en el metabolismo del azúcar ubicó al país entre las naciones capaces de producir ciencia de primer nivel.

Pero la efeméride de 2026 llega en un contexto muy distinto. Hoy, buena parte del sistema científico local denuncia desfinanciamiento, pérdida de capacidades y una parálisis que afecta desde el CONICET hasta organismos técnicos vinculados a la producción, la energía y la innovación.

Los números que circulan en el sector son severos. Según la cobertura publicada este 10 de abril, la inversión en ciencia y tecnología cayó al 0,164% del PBI en 2025, mientras que en apenas dos años el presupuesto del área se habría reducido 44% en términos reales. La nota también señala retrocesos fuertes en el CONICET, la Comisión Nacional de Energía Atómica, el INTA y el INTI.

En enero, Wired en Español recogió una de las definiciones más duras del momento. El físico e historiador Diego Hurtado sostuvo que el problema no pasa solo por el recorte, sino por la ausencia de dirección: "no hay políticas, no hay orientación, no hay metas". Ese diagnóstico resume una crítica que hoy comparten distintos investigadores: no se discute únicamente cuánto se gasta, sino para qué se sostiene un sistema científico nacional.

El deterioro ya se siente en la práctica diaria. La Agencia I+D+i aparece mencionada como prácticamente paralizada y sin convocatorias activas, mientras en laboratorios y centros de investigación se multiplican los problemas para comprar insumos, mantener equipos o continuar líneas de trabajo. Incluso Infobae había reportado en 2025 protestas en el CONICET con reclamos por salarios, fondos y el deterioro de instituciones clave del sector.

También hay un impacto laboral. La misma cobertura señala una caída real de hasta 38% en salarios de investigadores y becarios del CONICET, además del freno en ingresos a la carrera científica. El resultado, según denuncian desde el sector, vuelve a ser un viejo problema argentino: la fuga de talentos hacia otros países o hacia actividades no científicas.

Entre los proyectos golpeados aparecen iniciativas de alto valor estratégico, como el reactor nuclear CAREM-25, el satélite ARSAT-SG1 y el radiotelescopio CART en San Juan. No se trata solamente de laboratorios o papers. Son desarrollos ligados a energía, telecomunicaciones, defensa tecnológica y capacidad nacional de largo plazo.

Desde una mirada conservadora y nacionalista, el debate no debería reducirse a una defensa automática de toda estructura estatal ni a un ajuste ciego sobre áreas sensibles. La pregunta de fondo es otra: si Argentina quiere ser una nación seria, necesita distinguir entre burocracia improductiva y ciencia estratégica. Desarmar capacidades en energía nuclear, tecnología satelital, salud o agro puede resultar más costoso que financiarlas con criterio. Esa es la discusión que deja abierto este nuevo Día del Investigador Científico. La ciencia no puede sostenerse como caja política, pero tampoco puede ser tratada como gasto prescindible cuando compromete soberanía, desarrollo y poder nacional. La reconstrucción, si el deterioro se profundiza, no llevará meses: puede demandar décadas.

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