Canasta básica marzo 2026: una familia necesitó $1.434.464 para no ser pobre

La canasta básica total subió 2,6% en marzo. El dato volvió a mostrar el deterioro del ingreso y la presión constante sobre los hogares argentinos.

Redacción El Nacionalista

Una familia de cuatro integrantes necesitó $1.434.464 en marzo de 2026 para no ser considerada pobre en la Argentina. El dato surge de la Canasta Básica Total (CBT) informada por el INDEC y expone, una vez más, el peso creciente del costo de vida sobre los ingresos reales.

En paralelo, la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que fija la línea de indigencia, subió a $658.011 para ese mismo hogar. Es decir: incluso para cubrir apenas la alimentación mínima, una familia argentina necesitó en marzo más de medio millón de pesos.

El organismo oficial informó que la CBT aumentó 2,6% mensual y acumuló 30,4% en los últimos 12 meses. La CBA, en tanto, avanzó 2,2% en marzo. Son cifras que muestran que, aun con una desaceleración respecto de los peores picos inflacionarios, el umbral para no caer en la pobreza sigue corriendo más rápido que la capacidad de recuperación de muchos salarios.

Medido por tipo de hogar, los valores de marzo quedaron así: una persona sola necesitó $464.227 para no ser pobre; un hogar de tres integrantes, $1.142.001; una familia de cuatro, $1.434.464; y un hogar de cinco personas, $1.508.740. Para no quedar en la indigencia, los ingresos mínimos fueron de $212.948 para una persona, $523.853 para tres integrantes, $658.011 para cuatro y $692.083 para cinco.

El mismo día, el INDEC informó además que la inflación de marzo fue 3,4%, con una variación interanual de 32,6%. La división con mayor incidencia en el mes fue Alimentos y bebidas no alcohólicas, mientras que el mayor aumento se registró en Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles. Eso ayuda a explicar por qué el alivio estadístico no siempre se traduce en alivio concreto dentro de los hogares: comer, vivir y sostener servicios básicos sigue siendo cada vez más caro.

Desde una lectura conservadora, el dato deja una señal política y social difícil de ignorar. Cuando una familia necesita más de $1,4 millones para no ser pobre, no estamos ante un problema meramente técnico. Estamos frente al desgaste acumulado de años de inflación, pérdida del valor de la moneda, presión impositiva, distorsión de precios relativos y deterioro del salario como organizador de la vida familiar.

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