Cierre de Fate: el fracaso industrial de un negocio que vivió del proteccionismo

La caída de la histórica fábrica de neumáticos expone años de precios inflados, lobby por prebendas y falta de competitividad real.

Redacción El Nacionalista

Para analistas del sector, el final de Fate no aparece como un hecho aislado ni repentino. Sostienen que durante años se consolidó un esquema industrial apoyado en aranceles altos, restricciones a importaciones y pedidos constantes de condiciones "favorables" para competir. Con el tiempo, ese esquema -dicen- terminó mostrando límites.

Lo que en la discusión pública se defendió como "protección de la industria nacional" quedó asociado, para quienes critican el modelo, a una dependencia estructural del Estado más que a un salto de productividad.

Un mercado protegido no siempre es un mercado fortalecido

Fate, controlada por Javier Madanes Quintanilla, fue señalada en reiteradas discusiones sectoriales como una de las firmas que pedía mantener barreras para evitar el ingreso de productos del exterior. En esos debates, la empresa advertía sobre "competencia desleal" y reclamaba medidas para "blindar" el mercado interno.

La diferencia, marcan en el sector, es que blindar un mercado puede dar aire en el corto plazo, pero no necesariamente construye ventajas para el largo. Y cuando la competencia aparece, las debilidades quedan a la vista.

Precios altos y una competencia que empezó a presionar

Durante años, los neumáticos en Argentina se vendieron a valores muy por encima de los de la región. Con menos competencia efectiva, el mercado funcionó casi como un "cautivo", lo que permitió sostener precios altos y márgenes elevados.

Cuando comenzaron a entrar más alternativas importadas con precios más bajos -y, en algunos segmentos, con calidad comparable- se encendió una señal: el problema ya no era solo comercial, sino de estructura de costos y eficiencia.

El punto central: competitividad real

El foco, para quienes analizan el caso, está en la competitividad. Una empresa que solo puede sostenerse detrás de barreras permanentes queda expuesta cuando cambian las reglas.

Mientras el mercado global del neumático avanzó en automatización, escalas internacionales y reducción de costos, Fate habría quedado más concentrada en el mercado interno. Y sin una estrategia exportadora fuerte o ventajas comparativas duraderas, la compañía empezó a perder terreno cuando el "escudo" se debilitó.

El peso de la conflictividad laboral

A ese cuadro se le sumó otro factor que el sector menciona desde hace tiempo: la conflictividad sindical. La industria del neumático acumuló paros prolongados y disputas que impactaron en la continuidad productiva.

Sin cargar toda la responsabilidad en un solo actor, los especialistas señalan que en un negocio competitivo, semanas sin producción complican contratos, previsibilidad, tiempos de entrega y relación con clientes.

Un debate que vuelve: qué industria queda en pie

Más allá de la marca, el caso Fate reabre una discusión incómoda: qué parte del entramado industrial se apalancó en inversión, eficiencia y tecnología, y qué parte se sostuvo por regulaciones protectoras.

Para muchos, la competencia obliga a mejorar. Para otros, la protección es necesaria en países con asimetrías. Pero lo que está claro es que el cierre expone tensiones de un modelo que, en distintos momentos, apostó más a sostenerse con barreras que a reconvertirse.

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